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domingo, 23 de diciembre de 2012

COMENTARIO: "LLAMA DE AMOR VIVA" DE SAN JUAN DE LA CRUZ por Cristina López Villar


LLAMA DE AMOR VIVA
Canciones del alma en la íntima comunicación de unión de amor de Dios.

¡Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!;
pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
rompe la tela de este dulce encuentro!

¡Oh cauterio suave!
¡Oh regalada llaga!
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
que a vida eterna sabe
y toda deuda paga!
Matando, muerte en vida la has trocado.

¡Oh lámparas de fuego,
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,
que estaba oscuro y ciego,
con extraños primores
calor y luz dan junto a su Querido!

¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno,
donde secretamente solo moras!;
y en tu aspirar sabroso,
de bien y gloria lleno,
¡cuán delicadamente me enamoras!

El poema Llama de amor viva fue escrito por San Juan de la Cruz en el siglo XVI. Este poema pertenece a la segunda mitad del Renacimiento, época que se caracteriza por un auge del tema religioso a la vez que un cierre de barreras al intercambio cultural. San Juan profesó como carmelita y estudió en la Universidad de Salamanca con maestros ilustres como Fray Luis de León. Santa Teresa de Jesús lo sumó a su empresa reformadora y, con la regla por ella adoptada, fundó también diversos conventos.
En San Juan de la Cruz encontramos que la totalidad de su obra es ascético-mística y, por lo que respecta a sus grandes poemas y a su prosa, declaradamente mística. Sus poemas mayores se titulan Noche oscura del alma, Cántico espiritual y Llama de amor viva. Estos van seguidos de comentarios en prosa para explicar el sentido de sus versos, ya que revela experiencias místicas de difícil comprensión. Estos tres poemas mayores son reconocidos por los críticos -creyentes o no creyentes- como la cumbre más alta alcanzada por nuestra lírica, dada la intensidad del amor divino y el deseo de unión con el Amado. Puesto que consigue esa unión tan deseada y se encuentra en una situación de difícil expresión, recurre al uso de símbolos. A San Juan se le considera el creador del lenguaje simbólico.
En el poema Llama de amor viva encontramos el tema del reflejo del sentimiento amoroso que presenta el alma cuando tiene esa unión mística con Dios.
Se trata de un texto breve que está compuesto de cuatro canciones o estrofas aliradas, las cuales son de 6 versos (combinación de 7 y 11 sílabas). En la primera estrofa el autor ruega a Dios que rompa la barrera que separa lo divino de lo terrenal para de ese modo unirse a él. En la segunda, San Juan hace alusión a los tres componentes de la Santísima Trinidad y nos explica que la vida divina es mejor que la terrenal. Seguidamente, podemos encontrar la unión tan deseada con Dios. Y, para finalizar, en la última estrofa, el poeta intenta explicar el sentimiento que le produce Dios y el anhelo por el momento en que su amor pueda consumarse. Estructura lineal, coincidente con las estrofas.
San Juan de la Cruz pretende darnos a conocer el sentimiento amoroso, de fe; un sentimiento que puede producir dolor, aunque a veces también satisfacción. Esto lo encontramos en el oxímoron del segundo verso, "tiernamente hieres", que refuerza el sentimiento de fe, presente mediante el símbolo de la "llama" (v. 1). En el tercer verso encontramos un hipérbaton en "de mi alma en el más profundo centro", donde el autor expresa la parte más recóndita de sí mismo, aquella parte en la que mora ese amor profundo y sincero hacia la divinidad. Todos estos recursos están unidos mediante una exclamación retórica en la que se expresa el deseo de unirse con Dios y romper la barrera que los separa. Esta separación de la vida divina y la vida terrenal está marcada por el símbolo de la "tela" (v. 6). También es necesario remarcar el vocablo "esquiva" (v. 4), ya que hace referencia al sentimiento amoroso propio del amor cortés. Es sintomático destacar las influencias que San Juan recoge en sus poemas, en este caso recurre a cierta influencia trovadoresca en la que se muestra el amor como vasallaje. Vemos, pues, a un yo poético deseoso de unirse con Dios y que ruega para que se produzca la unión deseada.
El predominante uso de anáforas presentes en las exclamaciones del séptimo al undécimo verso sirven para volver a incidir sobre el tema del deseo de la unión con Dios. Podemos observar en el noveno verso un léxico petrarquista en "regalada llaga", con el que el yo poético se siente cautivo de su propio sentimiento amoroso. Esta influencia procedente de Italia, durante la primera mitad del Renacimiento y gracias a la figura de Garcilaso de la Vega, se relaciona con el tema predominante del amor, el cual se presenta a veces como un doloroso sentir. El sentimiento amoroso lo podemos encontrar también en el uso de símbolos religiosos, que hacen referencia a Dios, a Cristo y al Espíritu Santo (v. 9), a la vez que construye unas sinestesias para reforzar lo que producirá la unión.  Pero llega a un punto en el que se produce una exageración y una paradoja que utiliza para referirse a que la vida divina es mejor que la terrenal. Indica que dicha vida terrenal equivale a un gran sufrimiento, del cual únicamente puede liberarse mediante la unión del alma con Dios. Esto lo refuerza con la derivación "matando, muerte en vida", ya que intensifica el hecho.
La idea de fe, presente en el símbolo "lámparas de fuego" (v. 13), ayuda a guiar al alma a que se encuentra con su Amado, pasando de este modo de un estado oscuro -simbolizado por las "profundas cavernas" (v. 15) y "oscuro" (v.16)- a un estado de "luz y color" (v. 18), donde se pasa de un estado de ceguera -"ciego" (v. 16)- a uno en el que se encuentra iluminado por la unión con Dios. Toda esta estrofa se recoge en una exclamación que expresa el entusiasmo por la consecución de esa unión mística.
Mediante otra exclamación o exaltación se le da un valor adverbial al primer verso de la última estrofa, adverbios que abren paso al siguiente verso, en que el sintagma "recuerdas en mi seno" hace referencia a la idea petrarquista del 'alba', en que se produce la separación de los dos amantes, en este caso del alma y el Amado (Dios). San Juan se basa en el amor secreto y de ahí que recurra a la separación de los amantes que se producía durante el amanecer, después de gozar toda la noche de la consumación de la unión entre los amantes. San Juan expresa ese sentimiento que le produce Dios hinchando ese sentir en su interior, pues hace alusión a la comunicación interior con Dios en el verso 23, "de bien y gloria lleno". Esto queda remarcado en la exclamación del último verso que, con suavidad y ternura, se dirige a un tú divino.
A modo de conclusión se puede decir que hay una intensa pasión de amor divino y un deseo de fusión con el Amado, lo cual consigue mediante la experiencia de la unión mística. Emplea un lenguaje limpio, natural y elegante -claramente renacentista- para resaltar con intensidad aquello que expresa el alma. Para mostrarnos su sentimiento, claramente inefable, utiliza metáforas y, sobre todo, símbolos; de ahí que se reconozca a este poeta místico como el creador de un lenguaje simbólico para expresar aquello que con simples palabras es prácticamente imposible de describir: el sentimiento de amor y fe.

CRISTINA LÓPEZ VILLAR
2º BACHILLERATO HUMANÍSTICO Y CIENCIAS SOCIALES

COMENTARIO SONETO DE LUIS DE GÓNGORA por Cristina Obreo Val

DE UNA DAMA QUE, QUITÁNDOSE UNA SORTIJA, SE PICÓ CON UN ALFILER


Prisión del nácar era articulado
(de mi firmeza un émulo luciente)
un dïamante, ingenïosamente
en oro también él aprisionado.

Clori, pues, que su dedo apremïado
de metal, aun precioso, no consiente,
gallarda un día, sobre impacïente,
lo redimió del vínculo dorado.

Mas, ay, que invïdioso latón breve
en los cristales de su bella mano
sacrílego divina sangre bebe:

púrpura ilustró menos indïano
marfil, invidïosa, sobre nieve
claveles deshojó la Aurora en vano.

Estamos ante un poema de Luis de Góngora, nacido en Córdoba (1561-1627). Fue un poeta y dramaturgo español del Siglo de Oro, máximo exponente de la corriente literaria conocida como culteranismo o gongorismo. Durante el siglo XVII triunfe en España el movimiento cultural denominado Barroco, producido como consecuencia de la Contrarreforma y del Concilio de Trento; movimiento que ha dejado huella en nuestra cultura y ha marcado un antes y un después en las letras hispánicas. Este movimiento supone una vuelta a actitudes medievales: lo natural y lo sobrenatural, que el Renacimiento había separado, vuelven a confundirse. El Barroco no fue solo una etapa histórica, sino también un movimiento general en la sociedad.
El poema pertenece a la etapa de madurez de Góngora, que empieza en 1611. Se caracteriza por ser una poesía difícil y más oscura que la anterior. El poema es un claro ejemplo de estilo culterano. Hablamos de una tendencia estilística que altera el equilibrio haciendo que la expresión se desarrolle a expensas del contenido. El gongorismo se identifica con los recursos utilizados por el poeta, como son el embellecimiento de la realidad a través de metáforas e imágenes y el uso continuado de recursos (sintaxis latinizante, cultismos, numerosas alusiones mitológicas y de la tradición clásica).
La obra de Góngora consta de poemas populares (romances y letrillas) y poemas cultos: canciones, sonetos y tres grandes poemas (Fábula de Polifemo y Galatea, Las Soledades y Panegírico del duque de Lerma). Es autor de dos comedias y se conservan algunas cartas sobre crítica literaria, y un epistolario muy interesante para conocer las angustias económicas de Góngora.
El asunto del poema nos lo advierte el propio título. EL yo poético es el cortejador de una dama, llamada Clori, y éste relata cómo ella, inconscientemente y desdeñosa, quitándose una sortija, que le regaló él, se pincha con el alfiler. El tema, pues, va más allá del propio asunto, y se centra más bien en la propia lengua poética, porque podemos comprobar, a lo largo del comentario, que existe una complicación formal y un exhaustivo embellecimiento de la lengua para tratar un tema aparentemente simple.
Por lo que se refiere a la estructura interna destacamos que el poeta divide el poema en dos partes. La primera parte consta de los dos primeros cuartetos, donde describe el anillo situado en el dedo de Clori. La segunda parte está formada por los dos últimos tercetos, marcados e introducidos por la conjunción "mas", que da paso al momento en el que Clori se pincha con el alfiler del anillo.
El conjunto de las dos partes constituyen el soneto (dos cuartetos y dos tercetos). Poema de versos de arte mayor (endecasílabos) y de rima consonante (ABBA ABBA CDC DCD). Resaltamos que Góngora, para conseguir el número de sílabas que persigue y con la finalidad de que el poema quede perfecto, utiliza la diéresis para conseguir perfectos endecasílabos. Destacar que no sólo busca equilibrar el número de sílabas de cada verso, sino también provocar el efecto de dolor, a causa del pinchazo, marcando la diéresis siempre sobre la vocal 'i', así simula el daño que provoca. Esto se acentúa, al inicio del primer terceto, con la onomatopeya "¡ay!".
En general, en todo el poema, abunda la artificiosidad, ya que es un escrito muy trabajado y con muchos recursos, de ahí que hablemos de violencia del lenguaje. Artificio y violencia se encuentran correlacionados. Góngora pretende, realmente, hacer del poema una joya literaria. Todo el poema en sí son metáforas sobre metáforas. Dada una primera lectura del soneto, nos damos cuenta de que abunda el hipérbaton. Con su uso y abuso no solo pretende crear una confusión sintáctica, sino también quiere crear una confusión semántica al mezclar y confundir el concepto de anillo, dama y poema. Iguala, pues, los tres elementos gracias al hipérbaton y las metáforas. Además, aparece una abundancia de cultismos ("émulo", "púrpura"...) que otorgan a un hecho peregrino y coloquial cierto carácter clásico. Góngora, pues, impide una lectura superficial del poema; pretende que le quitemos la cáscara para encontrar su significado profundo. De ahí que hablemos del embellecimiento a través de la forma.
Respecto a los recursos estilísticos, encontramos en el primer cuarteto la descripción de la mano de la dama. En el verso 1, a partir de la metáfora "prisión de nácar", nos hace la referencia del anillo que aprisiona la mano, y con otra metáfora, "émulo luciente", describe el diamante que está aprisionado también por el anillo. Como círculos concéntricos encontramos que dedo y diamante están prisioneros por el anillo. De ahí que hablemos de cierta doble lectura: el anillo es para la dama, lo que esta es para el poeta. Lo que le sucede al Clori con el anillo, le pasa al poeta con la dama ("en oro también él aprisionado").
En el segundo cuarteto se dirige directamente a Clori mediante un vocativo, y habla de cómo esta quiere deshacerse del anillo. Describe la actitud de la dama cuando quiere quitárselo, y es justo en ese momento cuando ella va perdiendo cualquier atributo de belleza (nótese que van disminuyendo las caracterizaciones con metales preciosos). Al mismo tiempo, pasa a describir la sortija como un "vínculo dorado", metáfora que  justifica la idea de que hay cierto valor amoroso en el poema. Probablemente, el anillo era un regalo del yo poético a la dama.
La conjunción "mas" abre el primer terceto, y es la cumbre del poema al dar paso al momento culminante del pinchazo. Esto se refuerza con la onomatopeya "¡ay!". A partir de esta, nos cuenta cómo se pincha y qué ocurre tras este instante. En el verso 9, en "invidïoso latón breve", encontramos la metáfora que se refiere al alfiler con el que se pincha Clori. Más adelante, a partir de la metáfora "los cristales de su bella mano", nos indica la blancura propia de dama, muy acorde con los gustos de la época. Y es a partir de este momento cuando el poeta, mediante un uso continuado de antítesis, pone en contraposición la blancura de la dama con el color intenso de la sangre de esta.
Finalmente, en el segundo terceto, sigue con la idea cromática de la sangre y describe como cae por la mano de Clori. Al comienzo del verso 12, encontramos la metáfora que hace alusión directa a la sangre de la mano ("púrpura ilustró menos indïano"); metáfora que da paso a continuar con el juego de antítesis entre "púrpura" y "nieve" para resaltar el contraste entre la sangre y la piel de la dama. Esta idea se refuerza en el verso final gracias a la alusión mitológica de Aurora ("claveles deshojó la Aurora en vano"); vemos, pues, la imagen de un cielo que, paulatinamente, se va tiñendo de rojo.
En general, el poema presenta un uso maravilloso del lenguaje hasta el punto de demostrarnos cómo a partir del juego de metáforas, recursos latinizantes, cultismos..., podemos crear una verdadera pieza de orfebrería, quizá la misma con la que Clori derramó su sangre divina.

CRISTINA OBREO VAL   
 2º BACHILLERATO HUMANÍSTICO Y CIENCIAS SOCIALES

domingo, 9 de diciembre de 2012

COMENTARIO "LLAMA DE AMOR VIVA" (SAN JUAN DE LA CRUZ) por Sandra Lerín Martos


LLAMA DE AMOR VIVA
Canciones del alma en la íntima comunicación de unión de amor de Dios.
¡Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!;
pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
rompe la tela de este dulce encuentro!

¡Oh cauterio suave!
¡Oh regalada llaga!
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
que a vida eterna sabe
y toda deuda paga!
Matando, muerte en vida la has trocado.

¡Oh lámparas de fuego,
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,
que estaba oscuro y ciego,
con extraños primores
calor y luz dan junto a su Querido!

¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno,
donde secretamente solo moras!;
y en tu aspirar sabroso,
de bien y gloria lleno,
¡cuán delicadamente me enamoras!

Estamos ante un poema de San Juan de la Cruz, perteneciente al segundo Renacimiento (segunda mitad del siglo XVI). Se trata de una poesía mística. Es propio de San Juan de la Cruz hablar de la unión mística en sus poemas. Para ello, utiliza muchos símbolos y nos habla de las tres vías para llegar a la unión del alma con Dios. La primera de ellas es la vía purgativa, donde se inicia un proceso de limpieza del alma de sus impurezas; le sigue la vía iluminativa, propios de los ascetas, y la última es la vía unitiva, donde existe el contacto directo con Dios, muy difícil de expresar. Por ello, San Juan utiliza el simbolismo para racionalizar esta experiencia difícilmente nombrada.
Es un poema muy breve compuesto de cuatro canciones, también llamadas estrofas aliradas, formadas de versos endecasílabos y heptasílabos (tipos de versos comunes en el Renacimiento). 
El asunto del poema es muy conciso, trata de explicar el amor que siente el poeta hacia Dios. Dada la dificultad de expresar dicho sentimiento amoroso, justo en el momento del arrebato místico, San Juan utilizará símbolos, exclamaciones y recursos de contraste y contradicción para reflejar la dificultad e intensidad de este sentimiento. Uno de los principales símbolos que utiliza en esta composición es el de la "llama", reflejo claro del sentimiento de fe; otro sería el de la "tela", clara referencia a la separación existente entre la vida mortal y la espiritual. El autor expresa el anhelo de romper esa separación que produce la "tela" con el fin de llegar a la consecución última de la unión con Dios. Nos mostrará la idea de "cuerpo" como una carcasa que impide al alma unirse definitivamente con Dios. Recurre San Juan a múltiples símbolos religiosos y cristianos, como podría ser el "fuego", que representa el Espíritu Santo, o la "mano blanda" y el "toque delicado", como símbolo de Dios Padre e Hijo.
De todo lo expresado, se podría deducir el tema de la composición. San Juan nos habla del intenso sentimiento que vive en el alma cuando presenta esa comunicación íntima con Dios.
La expresión inefable del sentimiento amoroso hacia Dios viene enmarcada, e incluso podríamos decir, acentuada, por el uso constante de anáforas, bajo la forma exclamativa "¡Oh!". La intensidad, pues, del poema, junto con la musicalidad de estas formas exclamativas, refuerzan la pasión que enmarca todo el poema.
Empieza este aludiendo al sentimiento de fe, un sentimiento que provoca un dolor agradable, propio de la visión amorosa que defendía el petrarquismo al hablar del placer en el dolor. Para ello, utiliza un oxímoron, "tiernamente hieres", de carácter modal. Habla también de que este sentimiento se produce en la parte más íntima del alma, es decir, en el corazón. Volvemos a ver la influencia petrarquista al hablar de la "esquiva" como si fuera una barrera que le impidiera estar en contacto con él. Era, pues, propio del amor cortés hablar de las dificultades que había en el amor. San Juan quiere romper esa barrera para alcanzar una unión más elevada con Dios y para poder expresarlo utiliza un epíteto "dulce encuentro", referido a ese contacto que la "tela" impide y que tanto desea el autor.
En la segunda estrofa, el autor sigue utilizando un léxico petrarquista ya que habla de un yo poético cautivo del sentimiento amoroso, representado en el primer verso de la estrofa. San Juan emplea un lenguaje simbólico y alegórico en sus poemas para expresar esa realidad inefable al fusionar el alma con dios. Para ello, tal y como lo hemos comentado, utiliza símbolos cristianos que hacen alusión a Dios y a Cristo, intensificados con el uso de sinestesias ("toque delicado", "mano blanda"). Lo más destacado, quizá, sea el empleo de paradojas, "vida eterna", para remarcar la temporalidad de la vida y la eternidad del momento de comunión con Dios. De la misma manera, "muerte en vida" (último verso de la estrofa) junto con la derivación "matando, muerte" redundan en esta última idea. Con esto, pues, San Juan quiere expresar la muerte terrenal del cuerpo y la vida eterna del alma, ya que cuando el alma se desprende del cuerpo es cuando ocurre la muerte en la vida terrestre y la culminación de la eternidad espiritual.
El autor sigue utilizando símbolos religiosos para expresar la idea de fe y del Espíritu Santo, tal es el caso de "fuego" o "resplandores"; símbolos que hacen alusión a la luz que iluminan "las profundas cavernas del sentido", metáfora referente a la oscuridad de todo lo mundano. El autor con esta metáfora quiere decirnos que para alcanzar la unión con Dios hay que desprenderse de todo lo relacionado con el mundo terrenal, ya que él mismo, antes de percibir el sentimiento de fe, estaba "oscuro y ciego", es decir, ajeno a lo trascendental. Pero ese sentimiento de fe transformó la oscuridad en "luz y calor", símbolos que hacen alusión a la unión con Dios.
San Juan empieza la última estrofa expresando la exaltación del sentimiento que se produce en su interior. Podemos ver también como, en el tercer verso, vuelve a la idea del "amor cortés" como un amor secreto, en el que únicamente Dios vive ahí dentro. Hace uso de una sinestesia, "aspirar sabroso", para hablar del sentimiento que provoca Dios al unirse con el alma. De esto extraemos la conclusión de una definitiva unión con Dios (vía mística), ya que el contacto se produce en su interior, tal y como podemos ver representado en el cuarto verso de esta estrofa. Por último, siguiendo la influencia petrarquista, a partir del uso de un léxico marcado por la sensualidad propia de los poemas de esta tendencia, muestra la manera cómo ese sentimiento emerge del interior del poeta. Ese "cuán delicadamente me enamoras" nos habla de un amor sereno, perfecto, suave y tierno; en definitiva, el ideal de amor místico.

Definitivamente, estamos ante un poema de marcada trascendencia para la lírica española, un poema místico cargado de simbología para explicarnos lo inexplicable: el contacto directo con Dios.

SANDRA LERÍN MARTOS   2º BACHILLERATO HUMANÍSTICO Y CIENCIAS SOCIALES



viernes, 7 de diciembre de 2012

"MUJER PUNTIAGUDA CON ENAGUAS", COMENTADO POR CRISTINA LÓPEZ VILLAR



[ILUSTRACIÓN DE MANUEL ABAL]
manuelabal.blogspot.com


MUJER PUNTIAGUDA CON ENAGUAS

Si eres campana, ¿dónde está el badajo?
Si pirámide andante, vete a Egipto;
si peonza al revés, trae sobreescrito;
sin pan de azúcar, en Motril te encajo.

Si chapitel, ¿qué haces acá abajo?
Si de diciplinante mal contrito
eres el cucurucho y el delito,
llámente los cipreses arrendajo.

Si eres punzón, ¿por qué el estuche dejas?
Si cubilete, saca el testimonio;
si eres coroza, encájate en las viejas.

Si büida visión de San Antonio,
llámate doña Embudo con guedejas;
si mujer, da esas faldas al demonio.

El poema "Mujer puntiaguda con enaguas" es un texto independiente que pertenece al género literario lírico. El autor, Francisco de Quevedo, perteneció al siglo XVII, es decir, al movimiento cultural del Barroco, por lo que sus obras se ven influenciadas por la época. En este período de produce el inicio de la decadencia española, con lo que el malestar social se trasladó al pueblo. Quevedo, mediante sus obras, denunció a la humanidad a la vez que presenta toda la complejidad y diversidad de la época. Así nos refleja en sus obras el alma atormentada de sí mismo y de todo cuanto le rodea. Fue un extraordinario manipulador de la lengua, genial escritor, que intentó renovar la sociedad de su tiempo. Era amigo de Cervantes y de Lope de Vega, y enemigo mortal de Góngora. 
Quevedo, al contrario que Góngora, era conceptista. En esta tendencia se da más importancia al concepto que a la forma en sí, razón por la cual el contenido es más denso. La base de la poesía conceptista no era nueva, pero destacó en el siglo XVII porque los poetas conceptistas de este siglo configuraron el estilo con unos recursos muy concretos, los mismos que veremos reflejados en el poema a comentar. El resultado de poema suele admirarse por su ingenio. Quevedo, en este poema, además de destacar por las ideas anteriormente expuestas, lo hace también por su estilo satírico y burlesco, una clara muestra de su honda preocupación por una serie de males sociales y problemas de moralidad política.
Lo que acabamos de mencionar tiene la finalidad, en "Mujer puntiaguda con enaguas", de desmontar las fingidas formas exteriores de la realidad y acentuar la carencia de cualquier virtud o dignidad. Esto viene asociado con el tema de la crítica a una clase social determinada, clase social caracterizada por la vanidad y las falsas apariencias.
El texto se organiza en tres partes fundamentales a partir de una enumeración acumulativa, es decir, va describiendo las características de la apariencia femenina para culminar en el último apartado con una crítica a esa clase social determinada. Esto lo encontramos cuando la denomina "doña Embudo" (v.13), una clara cosificación final con un claro tono irónico.
Quevedo construye este soneto (de origen italianizante) a partir de dos cuartetos y dos tercetos encadenados (versos endecasílabos, de arte mayor y rima consonante), con un esquema métrico de disposición de la rima en ABBA ABBA CDC DCD. Con él, pues, se dedica a realizar una crítica sobre la vanidad y las falsas apariencias. Esto se debe a la desastrosa época que el autor contempla, y en la cual él se ve involucrado.
En el soneto predominan las anáforas presentes en la conjunción "si", con la finalidad de criticar la importancia de la apariencia física, que, a parte de ser incómoda, está vacía de significado (vv.1-6, vv.9-12). Estas anáforas acumulan la imágenes y metáforas que componen el poema y le dan un toque más "crítico" a la composición. Predominan, pues, la metáforas, ya que en casi todo el poema podemos encontrar alguna. Las utiliza, fundamentalmente, para realizar una similitud entre la forma de la falda y los objetos contemplados de la realidad. En el primer verso el autor utiliza ese recurso para realizar una burla, característica principal de las obras de Quevedo, pues mediante este estilo critica de forma rigurosa y sarcástica lo que acontece a su alrededor, como ocurre en los tres primeros versos. Además, degrada la figura de la dama y su indumentaria, utilizando expresiones exhortarivas ("vete", v.2).
Los verbos que emplea en el segundo cuarteto, al estar en segunda persona, muestran que el poema va dirigido a alguien (la mujer), idea reforzada en el octavo verso al producirse una advertencia dirigida a la dama, a la vez que se produce una advertencia personificación y una imagen en "llaménte los cipreses" con el objetivo de volver a incidir en la falda de la mujer, ya que en el séptimo verso, mediante la relación de estas dos imágenes, el autor expresa que el "cucurucho" (v.7), refiriéndose a la falda, es el "delito" (v.7) o el pecado de hacer que no se aprecien las verdaderas curvas del cuerpo. Este concepto se encuentra también en el décimo y undécimo verso, recalcando de este modo que la mujer pertenece a un grupo femenino de avanzada edad, ya que al igual que estas ella no muestra su feminidad (esto se debe a la ropa que llevaban las mujeres en esa época). La apariencia que da a conocer Quevedo está relacionada con la figura de San Antonio (v.12), asociada a una visión horrible. Utiliza la metáfora "büida visión" (v.12) para hacer referencia a la horrible apariencia que refleja la dama vestida de esa forma.
Es necesario destacar el hecho de que en el último terceto, cuando menciona "llámate doña Embudo" (v.13) encontramos la culminación de toda la enumeración de cosas degradantes, ya que Quevedo acaba el poema haciendo referencia a que si la dama lleva esa falda, es todo lo malo, y, si quiere evitarlo lo que tiene que hacer es quitársela. Esto se muestra en "si mujer, da esas faldas al demonio" (v.14).
Vemos, pues, que el autor utiliza una enumeración de oraciones condicionales que van en gradación acumulativa hacia el clímax final, porque lo que enumera son rasgos cómicos, en este caso de la mujer. Y para culminar todas las burlas, se produce una carcajada final. De esta manera consigue que su soneto sea más duro e impactante.  Además, se sirve de la hipérbole, recurso muy utilizado, para exagerar los rasgos burlescos y así dar más importancia a su crítica. Por otro lado, emplea plagado de coloquialismos y adornado con metáforas. Vemos, pues, que no hay una dignificación de la poesía, es decir, no pretende dignificar a nadie, más bien al contrario. Todos los recursos que emplea Quevedo son propios del conceptismo, pues son predomina la intensa acumulación de agudezas verbales, los juegos semánticos y elipsis, entre otros muchos recursos, para hacer referencia a una época llena de desilusiones y pesimismo, conocida como Barroco.
En definitiva, Quevedo cosifica al ser humano al convertirlo en un objeto. De ese modo, consigue que su crítica sea más grave. Todo el poema es una gran burla a la mujer de la época. Esto lo realiza con éxito gracias al vocabulario, a las metáforas y a las anáforas presentes a lo largo de todo el poema. El uso de esos recursos caracterizan el estilo conceptista, a la vez que en forma burlesca o satírica se realiza una crítica a la degradante realidad exterior que acontece al autor.

CRISTINA LÓPEZ VILLAR    2º BACHILLERATO HUMANÍSTICO Y CIENCIAS SOCIALES




sábado, 3 de noviembre de 2012

COMENTARIO SONETO DE LUIS DE GÓNGORA por Marc Hernández González


DE UNA DAMA QUE, QUITÁNDOSE UNA SORTIJA, SE PICÓ CON UN ALFILER

Estamos ante un poema que pertenece a la etapa de madurez de Luis de Góngora y Argote, etapa que empieza aproximadamente en 1611. Góngora nació en Córdoba en 1561. Estudió Leyes en Salamanca pero, al parecer, no llegó a terminar la carrera. Ordenado de menores, vivió siempre de los beneficios eclesiásticos que le cedió su tío materno y, en sus últimos años, fue sacerdote de la Capellanía Real en 1617. 
La obra poética de Góngora consta de poemas populares -romances y letrillas- y poemas cultos: canciones, sonetos y tres grandes poemas (la Fábula de Polifemo y Galatea, Las Soledades y Panegírico al Duque de Lerma). Hoy en día se conservan algunas cartas sobre crítica literaria, y un epistolario muy interesante para conocer las angustias económicas de Góngora, que en los últimos años fue desalojado de su casa y pasó a ser alquilada por su gran rival, Francisco de Quevedo. 
Góngora fue siempre muy admirado por su poesía octosilábica, transmitida generalmente con música y en la que destaca su capacidad conceptista, presente sobre todo en las obras burlescas, abundantes en los romances y las letrillas. Practicó todos los temas, desde los pastoriles y moriscos, hasta los cautivos, mitolígicos, carolingios, líricos, lírico-amorosos, morales, panegíricos, satíricos... Hasta 1600 no suele utilizar el endecasílabo ni los sonetos, por consiguiente; para las burlas acude al octosílabo como metro más grave. Cuando recoge el gusto por los sonetos, aquellos burlescos y satíricos, incluso los laudatorios y morales, están construidos con gran perfección estructural, siguiendo la moda italiana del uso de la correlación, la diseminación y la recolección de términos.
El poema a comentar corresponde, pues, al estilo del Barroco más trabajado y rebuscado, siendo así un claro ejemplo de estilo culterano. El asunto del poema nos lo advierte el poeta en el mismo título: el yo poético, un claro cortejador de una dama llamada Clori, relata cómo la dama, inconsciente, quitándose una sortija, regalada por él, se pincha con un alfiler que contiene la misma sortija. 
El tema principal, junto a la exaltación amorosa, viene centrado en la lengua poética, en la complicación formal y el embellecimiento del poema para expresar un acto cotidiano. Esto, pues, concuerda con la poética culterana, también denominada gongorismo, donde fondo y forma van íntimamente ligados.
Todo el poema se construye a partir de recursos utilizados ya en sus dos grandes poemas: embellecimiento de la realidad a través de metáforas e imágenes, y el uso continuado de una sintaxis latinizante, cultismos, numerosas alusiones a la mitología y a la tradición clásica en general. 
En cuanto a la estructura interna, este poema está dividido en dos partes: en los dos primeros cuartetos, el autor describe el anillo y el dedo de la dama Clori; la segunda parte, presentada en los dos últimos tercetos, se abre con la conjunción "mas", seguida de la interjección "ay", que representa el cambio de escena, acentuando el momento en el que Clori se pincha con el alfiler de la sortija. 
Atendiendo a la estructura externa, se trata de un soneto endecasílabo, compuesto por dos cuartetos y dos tercetos. Presenta una rima consonante con la siguiente estructura métrica: ABBA ABBA CDC DCD. Resaltamos el uso de la diéresis para, además de conseguir el número de sílabas, marcar la parte del contenido del poema: el momento del pinchazo con el alfiler.
Todo el poema, en general, correlaciona el uso del artificio, que es un recurso muy trabajado y en el que se incluyen todo tipo de recursos estilísticos, y el de la violencia del lenguaje; pero siempre con un tono formal y el perfecto uso de las correctas palabras. Lo que Góngora pretende con el método de forzar la lengua es construir un poema perfecto, que se asimile a una joya. Esto es un elemento que, a su vez, se relaciona con el contenido del poema, que es la joya con la cual la dama se pincha. Los recursos estilísticos más utilizados son las metáforas. El uso de metáforas sobre metáforas crea un artificio complejo con el que Góngora juega. Nos encontramos que, desde una primera lectura del soneto gongorino, destaca mucho el uso y abuso del hipérbaton. Con la utilización de este recurso, el autor da paso a la confusión sintáctica y semántica. Esto se debe a la complejidad que Góngora quiere conseguir. Gracias al uso del hipérbaton y las metáforas, consigue una mezcla de conceptos: anillo-dama-poema, que los considera una misma cosa. La finalidad del uso del hipérbaton, colocando los verbos al final -igualando la lengua latina- es ennoblecer el lenguaje.
En el primer cuarteto, con el uso de metáforas, sinestesias y epanadiplosis, primeramente, el autor asemeja el blanco de la piel de la dama Clori con el de los materiales preciosos como el "nácar". Nos encontramos ante una doble lectura con la metáfora "émulo luciente", entendiendo, por una parte, cómo es el anillo para la dama y, por otro lado y a su vez, cómo es la dama para el autor. Más adelante entenderemos que el dedo de la dama está aprisionado por la sortija y el anillo aprisiona el diamante que lo conforma.
En referencia al segundo cuarteto, la descripción de la actitud de la dama cuando quiere despojarse del anillo, nos indica que ésta pierde atributos de belleza, y da a entender que la sortija es la que otorga la belleza. Esto lo da a entender con la descripción de la dama, comparándola con un metal. El "vínculo dorado" del último verso del cuarteto es una metáfora que indica la unión de la dama con la sortija, e incluso del poeta con la dama.
El suceso dramático de la composición se produce en el primer terceto, que es el momento en el que la dama se pincha con el alfiler; hecho que se marca con la conjunción e interjección "Mas, ¡ay!". Continúa con una alusión metafórica al elemento que ocasiona el pinchazo, "latón breve", elemento que no es ya un material precioso, sino algo con calidad inferior y atributos negativos. Vemos, pues, como Góngora pretende una concentración de procedimientos estilísticos, cultismos léxicos y sintácticos, afines a una poética nueva, estilista y alejada del vulgo. El autor cordobés somete la realidad a una distorsión estilizada donde, en un primer plano, caricaturiza la realidad y la deforma; en un segundo plano, la exalta y magnifica para convertirla en belleza permanente a través del lenguaje, mediante un proceso de depuración e intensificación.
El término "divina sangre", ya al final del primer terceto, nos despierta un cierto tono amoroso, inspirado en el neoplatonismo, ya que el amor que siente hace la amada es divino. Se produce un calco de la sintaxis latina, "divina sangre bebe", al incluir el verbo en posición final.
En el último terceto, mediante el uso de metáforas, adjetivos calificativos positivos y un encabalgamiento, Góngora describe el color de la mano y de la sangre cayendo tras el pinchazo. En el último verso del poema, encontramos un recurso de alusión mitológica a la Aurora al referirse al cielo en el momento de mayor intensidad cromática (rojo), "claveles deshojó la Aurora en vano".
Góngora pretende aristocratizar la poesía, destinándola a un lector culto. Toma el argumento como pretexto para la creación de un mundo idealizado y sorprendente. Nos encontramos, pues, ante un poema que caracteriza la etapa madura de Góngora, la etapa más difícil y oscura. El uso del culteranismo o gongorismo, la abundancia de cultismos, el contraste exagerado, el embellecimiento de la realidad y el difícil entendimiento pensado y elaborado, demuestra la clara labor poética de Luis de Góngora y Argote.

MARC HERNÁNDEZ GONZÁLEZ    2º BACHILLERATO HUMANÍSTICO Y CIENCIAS SOCIALES

viernes, 2 de noviembre de 2012

COMENTARIO SONETO DE GÓNGORA ("De una dama que, quitándose una sortija, se picó con un alfiler") por Cristina López Villar


DE UNA DAMA QUE, QUITÁNDOSE UNA SORTIJA, SE PICÓ CON UN ALFILER

Prisión del nácar era articulado
(de mi firmeza un émulo luciente)
un dïamante, ingenïosamente
en oro también él aprisionado.

Clori, pues, que su dedo apremïado
de metal, aun precioso, no consiente,
gallarda un día, sobre impacïente,
lo redimió del vínculo dorado.

Mas, ay, que invïdioso latón breve
en los cristales de su bella mano
sacrílego divina sangre bebe:

púrpura ilustró menos indïano
marfil, invidïosa, sobre nieve
claveles deshojó la Aurora en vano.

El soneto, "De una dama que, quitándose una sortija, se picó con un alfiler", es un texto independiente que pertenece al género lírico. El autor, Luis de Góngora, pertenece al XVII. Vivió en su ciudad natal de los beneficios eclesiásticos que le cedió su tío materno y, en sus últimos años, ya sacerdote de la Capellanía Real. Pasó una breve estancia en Valladolid, en 1603, donde se enemistó con el joven Quevedo, y también residió en Madrid, en 1609.
La obra de Góngora consta de poemas populares (romances y letrillas) y poemas cultos: canciones, sonetos y tres grandes poemas (Fábula de Polifemo y Galatea, Las Soledades y Panegírico al Duque de Lerma). Es autor también de dos comedias. Se conservan algunas cartas sobre crítica literaria y un epistolario muy interesante para conocer mejor las angustias económicas de Góngora. 
Con este autor, la lengua castellana alcanza una capacidad expresiva inigualada. Mantiene formas, temas y mitos renacentistas, pero los adapta a su sensibilidad y estilo. Su verdadera materia es la lengua poética, y sus obras serán un claro ejemplo. Es un autor culterano, al contrario que Quevedo (conceptista), aunque también se le puede llamar a este estilo "gongorismo", pues se identifica con los recursos utilizados por Góngora en sus dos grandes poemas: embellecimiento de la realidad a través de metáforas e imágenes y uso continuado de recursos, tales como la sintaxis latinizante, cultismos, numerosas alusiones a la mitología y a la tradición clásica en general. 
No obstante, se podría hablar de dos estilos en Góngora. En el primer estilo, el autor muestra una poesía fresca, juvenil, popular, sencilla... Esta época corresponde con su etapa de juventud. El segundo estilo, en cambio, ya en plena madurez, se sitúa a partir de 1612. Esta etapa se caracteriza por se una poesía más difícil y más oscura. Es la época, pues, de los sonetos, la Fabula de Polifemo y Galatea y Las Soledades. En este periodo situaríamos el soneto a comentar, "De una dama que, quitándose una sortija, se picó con un alfiler", razón por la que lo insertaremos dentro de su estilo más culterano, al ser un poema rebuscado y muy trabajado.
El poeta nos advierte del asunto en el propio título del poema: el yo poético, cortejador de una tal Clori, relata cómo su dama, al quitarse una sortija regalada por él, se pincha con un alfiler. Dado un asunto, aparentemente, banal, Góngora embellece de tal manera el poema que ilustra esa obsesión por la lengua poética y la manera de enriquecer la realidad. De ahí, que, sin duda, es la propia lengua poética el tema del poema.
El texto se puede dividir en dos apartados. Los dos primeros cuartetos formarían la primera parte de la estructura. Aquí el poeta describe el anillo en el dedo de Clori. En los dos tercetos (segundo apartado) relata cuando Clori se pincha con el alfiler y la herida provocada por éste. Esta segunda parte viene marcada por la adversativa "mas".
Góngora, a partir de un soneto, de claro origen italianizante, construye una magnífica pieza poética. Este poema está formado por dos cuartetos y dos tercetos encadenados, endecasílabos (arte mayor), de rima consonante, y cuyo esquema métrico de disposición de la rima sería ABBA ABBA CDC DCD. Hemos de destacar el cuidado formal del poema, puesto que el propio autor, gracias al uso de la diéresis, fuerza la métrica para conseguir los versos endecasílabos ("ingenïosamente", v. 3; "apremïado", v. 5; invïdiosa, v. 9; indïano, v. 12). La forma, pues, es perfecta. Y es más perfecta aún cuando está en consonancia con el sí del poema, de ahí que, si nos fijamos más, vemos que la diéresis viene marcada siempre sobre la vocal [i], así Góngora, desde un punto de vista fonético, emula el grito de dolor ante el pinchazo. Esto viene reforzado gracias a la onomatopeya "ay" (v.9). De este modo, consigue resaltar la acción que acontece a la amada. Así fondo y forma quedan íntimamente correlacionados.
Todo el soneto es una metáfora sobre metáforas. Y desde una primera lectura destacamos el uso del hipérbaton. Con el uso y abuso de éste no sólo consigue la confusión sintáctica, sino que crea una confusión semántica. Mezcla el concepto de anillo, dama y poema; los iguala. 
En la primera estrofa, Góngora describe la mano de la dama utilizando la metáfora "prisión del nácar" (v. 1) que hace referencia a las ataduras a las que está sometido uno de los dedos blanquecinos de Clori. A lo largo de todo el poema, el autor asemeja la mano con materiales preciosos, los cuales son blancos y hermosos, tal y como es el color pálido de la piel femenina. Con la palabra "émulo" (v.2) se hace referencia al brillo del anillo. Esta metáfora es un cultismo, muy propio del estilo gongorino. En general, podríamo deducir una doble lectura: lo que implica la joya para la dama, y lo que representa la dama para el yo poético. Se produce un hipérbaton a lo largo del siguiente verso que justifica esta doble lectura. Nos indica el enredo del anillo en el "aprisionado" dedo de la dama; a la vez que la dama "aprisiona" al poeta. La epanadiplosis "prisión" (v.1) y "aprisionado" (v.4) cierran y marcan, al igual que un círculo, cual anillo, los dos planos fundamentales del poema.
En el siguiente cuarteto, se encuentran otros cultismos, como "apremiado" (v.5), de este modo insiste en el hecho de que el bello dedo se encuentra atrapado por el anillo. Mediante el empleo del vocativo "Clori" (v.4) nos introducimos en esta estrofa, en la que Góngora se dirige directamente a la dama. Se emplea la metáfora "vínculo dorado" (v.8), aludiendo a la sortija, para relatar no sólo la unión de la dama con el anillo, sino también la de la dama con el yo poético. 
El "mas" (v.9) del primer terceto abre paso al momento culminante del poema: el momento en el que la dama se pincha con el alfiler del anillo. Para referirse a ello, emplea "invidïoso latón breve" (v.9), metonimia que resalta el carácter no tan preciso del anillo. Hasta el momento Góngora empleaba el uso de metales preciosos para describir tanto la mano como el anillo -véase la metáfora "en los cristales de su bella mano" (v.10)-, pero ahora utiliza metales no precisos para describir la acción tan desagradable que provoca el alfiler. La antítesis "sacrílego divina sangre bebe" (v. 11), acentúa la idea del sacrilegio ocasionado por el alfiler ante la "sangre divina" de la dama, derramada a causa del pinchazo del alfiler. Quizás podríamos hablar de cierta exageración del tono amoroso, claramente inspirado por el neoplatonismo, en el que se pretende alcanzar la perfección mediante la observación de lo que es bello (la dama). Es aquí donde podríamos confirmar el tono amoroso del poema. 
En el último terceto, sigue con la visión cromática de la sangre y describe como cae ésta.  Recurre a la metáfora "claveles deshojó" (v.13), para acentuar como la sangre cae sobre la blanca "nieve" (v.13), produciendo así un claro contraste. Y para resaltar más este contraste, recurre a la alusión mitológica (Aurora) para destacar la misma idea. 
El poema, en general, es bastante artificioso y abunda la violencia del lenguaje. Relacionadas estas dos características entre sí, pueden tener relación con la época en la que vivió Góngora, pues a causa de la decadencia española se manifestó cierto malestar social y el desengaño y la desilusión fueron temas muy comunes en la época. Además de la artificiosidad, que la emplea para evadirse del mundo y alcanzar a perfección, Góngora construye una verdadera joya literaria a través de la lengua poética. El soneto acaba siendo un diamante tallado. A la par, destacamos la abundancia de cultismos ("émulo", "púrpura", "invidïoso") que otorgan a un hecho peregrino cierto tono clásico. 
Con estas pequeñas apreciaciones, hablamos de un poema culterano, ya que embellece la realidad a través de metáforas e imágenes y del uso continuado de recursos. Góngora da más importancia a la forma, porque, si nos damos cuenta, el asunto en sí es un poco trivial. La intención del poeta es impedir una lectura superficial del poema, con la finalidad de ennoblecer la lengua vulgar, casi asemejándola al latín -como buen culterano-.
En definitiva, Góngora, mediante el estilo culterano pretende ennoblecer la lengua, dando mucha importancia a la forma. Esta es la razón por la que emplea elementos latinos y mitológicos, a la vez que un uso abusivo de metáforas para referirse al asunto del pinchazo de la dama con el alfiler de un anillo. De todo esto se desprende que anillo, dama y poema acaben siendo una misma cosa: una verdadera joya.


CRISTINA LÓPEZ VILLAR    2º BACHILLERATO HUMANÍSTICO Y CIENCIAS SOCIALES





jueves, 1 de noviembre de 2012

COMENTARIO SONETO 164 (QUEVEDO) por Lorena Carrillo


SONETO 164. MUJER PUNTIAGUDA CON ENAGUAS

Si eres campana, ¿dónde está el badajo?
Si pirámide andante, vete a Egito;
si peonza al revés, trae sobreescrito;
si pan de azúcar, en Motril te encajo.

Si chapitel, ¿qué haces acá abajo?
Si de diciplinante mal contrito
eres el cucurucho y el delito,
llámente los cipreses arrendajo.

Si eres punzón, ¿por qué el estuche dejas?
Si cubilete, saca el testimonio;
si eres coroza, encájate en las viejas.

Si büida visión de San Antonio,
llámate doña Embudo con guedejas;
si mujer, da esas faldas al demonio.

"Mujer puntiaguda con enaguas" es un soneto del siglo XVII, es decir, de la época del Barroco, y fue escrito por Francisco de Quevedo. Quevedo fue un autor brillante que caracteriza el movimiento al cual pertenece, o mejor dicho, la época da lugar a pensar a este genial escritor. Este fue partidario del conceptismo, movimiento que se caracteriza por su espíritu crítico y con su enfrentamiento ante la dura realidad de la situación económica, social y política en la España del momento. Tal y como iba explicando, el Barroco fue una época negra marcada por la pobreza, por cierta censura y por la excelencia en el ámbito cultural. El arte, pues, y en particular la literatura, será un claro ejemplo del momento. Hubo autores que con sus obras se evadían del mundo, véase a Góngora con el culteranismo. En cambio, Quevedo, con sus obras, mostraba una visión crítica sobre todo lo que le rodeaba preocupada por esconder os vicios bajo los disfraces de grandes vestidos y excesivo maquillaje. De aquí nace la idea del soneto "Mujer puntiaguda con enaguas", donde criticará a una muer en concreto que no tendrá más mérito que encontrar hombre, cautivándolo con sus voluptuosos vestidos y su aspecto demasiado retocado.
En este soneto el asunto es casi inexistente, ya que lo único que vemos son críticas directas. Pero como tema podríamos decir que es la crítica a la vanidad y a las falsas apariencias, esas que caracterizaban a las mujeres y, en general, a una capa social determinada.
En cuanto a la estructura interna del soneto, podemos ver que se corresponde a una descripción lineal, es decir, describe a la mujer en todos los versos comparándola o haciendo alusión a un objeto o sitio que se asemeje a su aspecto. Presenta una cierta estructura acumulativa, ya que va enumerando una por una diferentes condiciones, y no es hasta el último terceto dónde encontramos la crítica máxima, la crítica que hace daño y deja claro de qué condición está hecha esa mujer, con la indumentaria que viste y las otras atribuciones que guarda en su aspecto. El clímax final o la burla fuerte del último terceto muestra esa carcajada intensa que le produce a Quevedo esa mujer. Este tipo de estructura, pues, permite que la critica sea más dura y más dolorosa.
Esta composición que se nos presenta es un soneto, es decir, un poema compuesto por dos cuartetos y dos tercetos. Presenta una rima consonante, versos endecasílabos y el siguiente esquema métrico: ABBA ABBA CDC DCD.
Volviendo al fondo del poema, podríamos decir que muestra la visión crítica que presentaba Quevedo ante la sociedad del momento, de las mujeres, de todo en general. Cuando alguien opta por un espíritu crítico o es una persona que le gusta poner trabas a todo, es consciente, verdaderamente, de la situación decadente en la que vive y no le queda otra que hacer ver al mundo, a través de sus escritos, lo que se esconde en todos los rincones de la sociedad. Esto es lo que pasó con Quevedo. Él, viendo la situación de penuria que marcó la época barroca (aumento de la pobreza y la hambruna, desigualdades sociales, etc.), opta por mostrar su enfado con todo, y nos da una visión real y a la vez crítica de lo que pasa. Y, tal como se decía antes, hubieron otros que apostaron por evadirse, irse a mundos perfectos (o bien crearlos en constante añoranza) con paisajes bucólicos, fuera de la verdadera situación. Quevedo, no.
Veremos su estilo marcadamente directo, como si cara a cara la insultara y pusiera en jaque toda su persona. Este estilo tan directo está resaltado por un seguido de oraciones condicionales que le dan un toque irónico ascendente al soneto en general. Es más, Quevedo se servirá de la figura retórica de la hipérbole para exagerar aún más los rasgos de la mujer y así poder hacer la crítica mucho más dura y, por otra parte, más humorística para el lector. Al ser oraciones condicionales, precisan de la conjunción "si", que se irá mostrando a través de anáforas en prácticamente todos los versos, así tan a todo el soneto el carácter condicional que precisa.
Además, en cada verso encontraremos metáforas e imágenes, ya que a utilizar oraciones condicionales relaciona el aspecto de la mujer (gracias a la metáfora) con un sitio o un objeto, así crea una imagen que provoca en el lector una visión cómica. Así acentúa la ironía y el sarcasmo, propio de todo el soneto. Ciertamente esa es la norma: metáforas, imágenes, condiciones y exageraciones son las que hacen pasar de la crítica de una cosa tan simple a algo marcadamente humorístico y sarcástico. Si la crítica careciera de todos estos elementos, quizás ni hubiera llegado a nuestros días. Es cierto, es distinto decir "te queda muy mal este vestido" que decir "Llámate doña Embudo con guedejas".
En el primer verso de la primera estrofa encontramos una metáfora, una imagen y una pregunta retórica, además de esa condición que caracteriza al poema. La metáfora y la imagen están presentes "Si eres campana" (v.1), es decir, una mujer con esa falda que le hace caderas de campana, y nos imaginamos una campana en su cuerpo. La pregunta retórica, "¿dónde está el badajo?", muestra ese sentimiento de risa hacia el vestido. En el segundo verso, encontramos una personificación con ese "si pirámide andante" (v.2), resaltando de nuevo la forma del vestido y asemejándola a una pirámide. De ahí que le inste a huir a Egipto.  Todo el primer cuarteto, es una descripción, pues, de la mujer y sus faldas, intensificando la burla y la visión grotesca de ella.
La segunda estrofa parte de las mismas características que la anterior. Desde el primer verso, encontramos una metáfora y una pregunta retórica, "Si chapitel, ¿qué haces acá abajo?" (v.5). El segundo y tercer verso, semánticamente, irían juntos. Se caracterizan por una metáfora bastante grotesca que da lugar a la carcajada, "Si de diciplinante mal contritto / eres el cucurucho y el delito" (vv.6-7). Y, por último, cierra el cuarteto con un imperativo, "llámente" (v.8), resultado de las condiciones anteriores.
En el primer terceto, volvemos a encontrar los mismos recursos, intensificados por la imagen final, "si eres coroza, encájate en las viejas" (v.11), que determina el aspecto de la mujer.
Por último, nos adentramos en la última estrofa. Allí encontraremos el clímax final, esa carcajada intensa. No es de extrañar que la denomine "doña Embudo" (v.13), pues tal es su aspecto, tal es la visión grotesca que provoca, que es inevitable, y por ello la risa es mucho más contundente, que otorgue el carácter de "don" a un 'embudo', cosificando más el aspecto y la condición humana de la mujer.
En general, todo el poema está compuesto por condicionales, metáforas, imágenes, preguntas retóricas..., y la única explicación del porqué las utiliza es la intención de dar un espíritu más burlesco al soneto. Quevedo se quiere reír de la mujer, pero quiere reírse con gracia y estilo. Recurre, mismo tiempo, a un vocabulario más coloquial, es algunas ocasiones casi vulgar. No hay, pues, una dignificación de la poesía, pues Quevedo tampoco lo pretende. El vocabulario transformará a la mujer en un objeto, un objeto chistoso, y esto hace que la crítica sea aún más dura. Podríamos decir que Quevedo consiguió su objetivo.


LORENA CARRILLO ALCARAZ    2º BACHILLERATO HUMANÍSTICO SOCIAL

viernes, 12 de octubre de 2012

"EN TANTO QUE DE ROSA Y DE AZUCENA", GARCILASO DE LA VEGA por Cristina López Villar


El soneto XXIII, "En tanto que de rosa y de azucena", es un texto independiente que pertenece al género literario lírico. El autor, Garcilaso de la Vega, perteneciente al siglo XVI, es el máximo representante del Renacimiento español. Sus obras se ven claramente influenciadas por ideas petrarquistas, neoplatónicas y humanistas. Garcilaso alternó la actividad guerrera con la literaria, y es considerado el prototipo de caballero renacentista. Introdujo los metros italianos e instala en nuestra literatura un lirismo que busca la comunicación de sentimientos con el lector. En rigor, con él empieza la lírica española moderna. Su producción literaria, exclusivamente poética, es muy breve; en metros italianos produjo tres églogas, treinta y ocho sonetos, dos elegías, cuatro canciones y una oda.
En su poema, "En tanto que de rosa y de azucena", encontramos una pequeña advertencia dirigida a una joven con la finalidad de hacerle saber que el tiempo deja huella, por lo que debe disfrutar del momento. Esto viene asociado con el tema que desarrolla a lo largo del poema: la fugacidad de la vida y el llamamiento a aprovechar el tiempo antes de que la edad nos marchite. Esta idea queda reflejada en el primer verso del primer terceto, donde recrea el tópico Collige virgo rosas. Hemos de destacar el uso de tópicos de tradición clásica. No se ha de olvidar la gran influencia del humanismo en el pensamiento renacentista y la recuperación de los clásicos grecolatinos. 
El texto se organiza en cuatro partes fundamentales. Esta estructura coincide con las estrofas, es decir, utiliza  la estructura propia del soneto para ir desarrollando la idea principal del poema. Este desarrollo se ve reforzado gracias a la utilización de los diferentes tiempos verbales presentes a lo largo de todo el poema. En el primer apartado, el autor emplea verbos en presente para ir describiendo la situación actual de la dama. Seguidamente, los verbos se presentan en pasado, así marca el contraste y se empieza a remarcar la idea de paso de tiempo, fundamental en la comprensión del poema. Un tercer apartado, fundamental puesto que es el clímax del poema, viene marcado por el uso del verbo en imperativo "coged" (v. 9). Garcilaso advierte a la dama (recordemos que es precisamente aquí cuando plantea el tópico Collige virgo rosas). Finalmente, en el último apartado, mediante la utilización de los verbos en futuro, el autor anuncia lo que le ocurrirá a la dama si no hace caso a su advertencia.
Hablamos, pues, tal y como ya lo hemos introducido, de un soneto (de origen italianizante), formado por dos cuartetos y dos tercetos, endecasílabos cada verso (arte mayor), de rima consonante, y cuyo esquema de disposición de la rima es ABBA ABBA CDE DCE. Para conseguir cuadrar la rima, Garcilaso recurre a un hipérbaton a lo largo de todo el poema y a un encabalgamiento simple (v.10).
Bajo la influencia del neoplatonismo, propio de la época renacentista y marco fundamental para entender la poética garcilasiana, el autor se dedica a describir la belleza femenina, que es reflejo de la belleza espiritual de la dama y que impresiona al alma de quien la contempla. De esta manera, el poeta es capaz de alcanzar la idea de Belleza suprema y poder ahondar profundamente en ella, ya que es paso previo para alcanzar la cumbre del sentimiento amoroso. De ahí, tal y como se ha mencionado, hablamos de un poema "italianizante", de clara influencia petrarquista y neoplatónica, dado que el tema principal va de la mano de la expresión del sentimiento amoroso, en el marco de una naturaleza idealizada. 
Todo el poema viene marcado por un estilo sencillo y un vocabulario que hace alusión a la belleza y a la naturaleza. Destacamos, pues, el uso de adjetivos enfáticos (epítetos) para referirse al cuello, rostro, cabello de la dama. Estos adjetivos vienen presentados en una enumeración caótica con la intención de resaltar e igualar la mujer y la naturaleza, instrumentos propicios para la expresión de los sentimientos. Tal y como hemos mencionado, la importancia del petrarquismo, tanto en el uso de imágenes como a nivel formal, y del neoplatonismo es muy acusada en los poemas de Garcilaso.
En el primer cuarteto, el poeta utiliza símbolos para hablar del rostro de la cama; especialmente, cuando se refiere al color rosado de sus mejillas, "rosa" (v.1), y al color pálido de su piel, "azucena" (v.1). A su vez, cabe destacar la sinestesia "mirar ardiente" (v.3), la redundancia "clara luz" (v. 4) y el oxímoron "tempestad serena" (v.4) que intensifican la descripción de la amada, centrándose en el rostro. 
En el segundo cuarteto, la descripción de ésta va descendiendo paulatinamente, y se destaca el cuello y el cabello, ilustrado a partir de la metáfora "y en tanto que el cabello, que en la vena / del oro se escogió" (vv.5-6). Es aquí cuando nos describe el cabello rubio de la dama, ideal de belleza femenina, como se enreda en el cuello de ella movido por el viento, que en constante movimiento, acentuado a partir de una enumeración de verbos al final del cuarteto, "mueve, esparce y desordena" (v.8)
Vemos, pues, un seguido de recursos retóricos que se emplean para dibujar de una manera más idealizada a la dama, comparándola con la naturaleza e igualándola a ella. Hablamos de la recreación de otro tópico, de origen clásico, Descriptio puellae, tópico que facilita la exaltación de la belleza femenina en constante anhelo de perfección.
En el primer terceto, tal y como hemos mencionado al hablar de la estructura interna, recurre al tópico del Collige, virgo, rosas. Este viene introducido por un imperativo, así Garcilaso exhorta a la dama para que ame antes de que envejezca. Todo esto da paso a un seguido de metáforas con la idea clara de acentuar el paso del tiempo y el cambio irremediable que se producirá en la dama. Destacamos "alegre primavera" (v.9), clara referencia a la juventud; "el dulce fruto" (v.10), sin duda la belleza de la dama, y "cubra de nieve la hermosa cumbre" (v.11), es decir, cuando la hermosa cabellera se cubra de canas a causa del paso del tiempo.
Garcilaso concluye el poema explicándonos lo que pasará a causa del inexorable paso del tiempo. Retoma el símbolo de "rosa" (v.12), aludiendo a la belleza juvenil, y cómo "el viento helado" (v.12) -metáfora del paso del tiempo- lo transformará todo. Esa "edad ligera" marcará el paso del tiempo irremediable, una clara alusión al tópico Fugit irreparable tempus.
En conclusión, este poema recoge los rasgos más característicos del primer Renacimiento, entre los cuales destaca las ideas humanistas, neoplatónicas y petrarquistas, principalmente en lo que se refiere al uso de tópicos, a la idea de alcanzar la perfección mediante la observación y descripción de las cosas bellas. Es un claro ejemplo de poema garcilasiano, caracterizado por la naturalidad, la sencillez expresiva (no hay abundancia de cultismos y la sintaxis no es excesivamente complicada). En conjunto, la poesía de Garcilaso es un modelo de equilibrio y contención.

CRISTINA LÓPEZ VILLAR   2º BACHILLERATO HUMANÍSTICO Y CIENCIAS SOCIALES




lunes, 8 de octubre de 2012

DESNUDEMOS LA LITERATURA por Lorena Carrillo

Hoy, de una forma directa, quiero reflexionar sobre el mundo de la literatura. ¿Mi objetivo? Conocerla mejor, saber qué cabida tiene en la actualidad, quiénes son sus seguidores o sus detractores... En fin, quiero desnudarla como si de un cuerpo humano se tratara.
Y, para empezar, ¿por qué no? Filosofearé, como si hubiera sido poseída por uno de aquellos que puso a prueba al mundo y a su inteligencia. Me dejaré llevar por ese mar de dudas y, al adentrarme en el abismo, se acerca una cuestión rápidamente: ¿qué es la literatura y, lo más importante, qué significa para mí? 
Creo que la literatura es como el ying y el yang, el bien y el mal. Es un bello cuerpo que solo pocos comprenden y aman, y otros, sin embargo, la ignoran y la desprecian. Es una puerta a la locura, a la fantasía, a la imaginación, a la expresión del subconsciente, a la liberación del alma, a la evolución... Tiene una belleza que solo unos pocos seres dotados de sensibilidad entienden. Es, pues, uno de los mejores tesoros que posee hoy día el ser humano. El misterio de lo que se esconde detrás de las letras es una incógnita que hace que cada uno entienda a su manera e interprete lo que quiera. Nos permite viajar por el mundo que solo esta dicha sabe, y nos enseña otro universo, ese que otro quiere que veamos.
En mi opinión, la literatura fue el principio del hoy llamado presente. La invención de la escritura dio lugar a esta literatura y, gracias a esta, hoy gozamos de grandes escritores y brillantes obras. La literatura une países, pueblos, comunidades, asociaciones, religiones... ¿Qué haría o sería la religión cristiana sin la obra santa, La Biblia? Sería como un rebaño sin pastor. Y, ¿por qué no? Si consideramos que la Constitución Española es una obra literaria, también podríamos preguntarnos: ¿qué sería de la democracia española sin su Constitución? Y así, podría poner millones y millones de ejemplos.
Y en este punto será donde pondré entre dicho a aquellos que se atreven a ignorar a la literatura y a rechazar su importancia y belleza. Porque sí que es verdad una cosa: no solo son escritores aquellos brillantes que recordamos al pasar los siglos; un escritor es aquel que ama la escritura y siente admiración cuando escribe, el que siente que el mundo es literatura y literatura el mundo. Nosotros somos una composición de letras que nuestro cuerpo esconde bajo algunas ciencias y, aun así, sigo diciendo que hay algunos que no admiran la literatura. Algunos se sorprenderían que les cuentes que aquellos cuentos que esperaban escuchar impacientes por boca de sus padres son obras maestras, y que algunas canciones que tararean son fruto de alguna composición literaria.
Acabado el primer punto y cuestión, quiero ahora adentrarme en otro aspecto. La literatura siempre ha sido hija de las Humanidades, como el peregrino es esclavo de su camino. Entonces yo ahora reflexiono: ¿Humanidades viene de humano, no?, ¿puede ser que esto sea porque la unión de hijos de esta hace al ser humano poder recibir este nombre? Es decir, y para ser más concreto, ¿hace la literatura más humano a nuestro ser? Quizá sea una cuestión aparentemente estúpida, pero no lo creo de veras. Sabemos que Humanidades viene de humano, pero ¿lo otro? Las Humanidades guardan entre otras algunas lenguas como el latín y el griego, unas lenguas que fueron el grano de arena para formar el castillo de la tierra; son aquellas lenguas las que ayudaron a desarrollar el lenguaje que ahora mismo utilizo y, a través de este, se pudo plasmar la imaginación de los mejores para que dieran luz a la literatura, lujo de las Humanidades y, en definitiva, la que hoy estoy desnudando. 
Y, ¿dónde podemos encontrar la literatura? En cada rincón. Hoy en día está al alcance de todo el mundo, pero aun así están aquellos pobres que no leen. ¿Quién diría aquello de "Juventud, divino tesoro"? La literatura se estanca bajo mi punto de vista. Hoy no hay "juventudes, divinos tesoros" que dediquen su tiempo y alma a la escritura, y hay pocos que leen aquellas letras escritas un día. Parece que la tecnología es el único instrumento que hoy tiene importancia; pero, ¿por qué no? ¿Es que la tecnología no puede casarse con el mundo de las letras? Mi respuesta es un sí rotundo. 
Entonces, ¿qué sucede?, ¿qué le pasa a la juventud?, ¿es que la literatura es una enfermedad contagiosa incurable? En mi opinión el mundo se ha vuelto  loco, el ser humano no quiere cultivarse para después cosechar; solo quieren cosechas sin cultivo antes. Y son nuestras mentes las que darán paso al mañana, al futuro. Y, aun así, para acabar el artículo, quiero hacer hincapié en aquellos que reivindican a la ahora desnuda literatura.

LORENA CARRILLO   2º BACHILLERATO HUMANÍSTICO  Y SOCIAL

sábado, 6 de octubre de 2012

LITERATURA Y JUVENTUD por Melanie Ettlin

Desde tiempos antiguos, la literatura ha existido en nuestras culturas. Pero, no todo el mundo podría gozar de ella, pues la mayoría era analfabeta (solo las clases privilegiadas podían disfrutar de la lectura y el conocimiento). Aún así, nosotros fuimos remediando este hecho, y, actualmente, en el primer mundo se ha puesto fin a esta ignorancia. Todos nuestros padres y nosotros, los de nuestra generación, deberíamos saber leer. Pero, entonces, ¿por qué nosotros los jóvenes no solemos disfrutar de un buen libro, tanto de una novela como un cuento, un ensayo...?¿Será por los medios audiovisuales que existen hoy en día, o es por alguna otra razón tanto social como educativa?
La mayoría de mis amigos no leen, y menos libros mandados en la escuela. Ellos me dicen que es aburrido, que tienen demasiadas páginas o, incluso, a veces, comentan que eso es para "empollones". Por el contrario, una minoría lee, y lee mucho. Aunque, si lo pienso, no encuentro diferencia entre unos y otros. 
Seriamente, creo que el factor principal de la "no-lectura" en jóvenes viene de la mano de los medios audiovisuales, que tienen cada vez más  mucho peso en nuestra sociedad. Parecen ser más cómodos, pues a un libro debes prestarle atención, tiempo y comprender lo que lees en él. A la televisión solo la debes observar, escuchar y no necesitas imaginar absolutamente nada.
Deben haber otros factores, como por ejemplo la moda. Cuando algo está de moda, da igual si es un libro como una película, la gente lo comprará. Si es un libro, lo leerá para no quedarse fuera del círculo social. Este fenómeno pasó con la saga Crepúsculo o los libro de F. Moccia, todavía hoy presente. Entonces, ¿hace falta promocionar la lectura? Puede ser. Quizás el factor a tener más en cuenta son los valores implantados en nuestra generación.
En definitiva, muchos son los motivos que influyen o no en la lectura de obras literarias en los jóvenes. Pero, probablemente, la pregunta que nos deberíamos plantear sea, sin duda alguna, ¿cómo evolucionará la literatura y la lectura en los próximos tiempos? Esa es una cuestión que no puedo responder.

MELANIE ETTLIN   2º BACHILLERATO HUMANÍSTICO SOCIAL

martes, 2 de octubre de 2012

LAS HUMANIDADES EN UN MUNDO TECNOLÓGICO por Andrea Quesada


En un mundo donde la tecnología está abarcando la mayoría de todos los aspectos de nuestra vida, es difícil encontrar sitio para el mundo de las humanidades y, en contreto, la lectura. Cada día es más difícil introducir la lectura -y los grandes beneficios que la acompañan- en la sociedad, dados los avances tecnológicos que hacen que sean preferibles, y tendamos a preferir, pasar más tiempo delante de un televisor que a la lectura de un buen libro.
Esto se da principalmente en los jóvenes y adolescentes de hoy en día, ya que estos, al pertenecer a una "generación tecnológica", tienden a preferir este último ámbito, pues les aporta más información de manera rápida y sencilla, en contraposición al tiempo necesario y el esfuerzo que implica la lectura de un buen libro.
Personalmente, me entusiasma leer y siempre que tengo algún rato libre, me gusta emplearlo en la lectura, así como siempre procuro tener algún libro que aún no haya leído en la estantería. No obstante, esto no ha sido siempre así para mí. Con esto me refiero a que no siempre he estado interesada por la lectura; es más, cuando era más pequeña, odiaba leer. Así que, con este ejemplo, intento demostrar que nunca es tarde para empezar a leer y hacer de este uno de tus "hobbies". 
Quizás, lo que hay que hacer es intentar acercar a los jóvenes hacia una lectura que les resulte interesante, a temas por los que se sientan atraídos. Lo que les hace decantar a los jóvenes hacia las nuevas tecnologías es lo que se conoce con el nombre de "lecturas obligatorias", que son aquellas que te has de leer por obligación para el colegio. Estas lecturas no suelen ser del agrado de los adolescentes no solo porque no les interese la historia, sino también por el simple hecho de que están obligados a leerlas. Este simple detalle hace que se juzgue y se generalice y, por tanto, se piense que todos los demás libros son de esa misma línea. Es a partir de ahí cuando el interés por la lectura disminuye aún más. 
Con todo lo dicho, mi conclusión sigue siendo la planteada anteriormente: tienes que leer algo que te guste y en lo que se esté interesado. A partir de ahí, descubrir el placer de la lectura es muy sencillo, ya que el ser humano tiende a querer obtener más de una sensación gratificante. Y entras así en la cadena de leer más y más libros, y a disfrutar más de ellos. Al mismo tiempo lo ideal sería compartirlo con el mundo tecnológico que, en la mayoría de los casos, complementará la lectura. De esta sencilla forma, se podrá disfrutar de la tecnología y de las humanidades a la vez que recibes todos los beneficios de ambas.

ANDREA QUESADA GARCÍA     2º BACHILLERATO HUMANÍSTICO Y SOCIAL

lunes, 1 de octubre de 2012

LA LITERATURA por Irene Llanos

La literatura no es solo palabras, es una manera de expresar y transmitir cualquier acontecimiento convirtiéndolo en arte; arte que envuelve al lector igual que si contemplase un cuadro del Barroco pintado con la máxima delicadeza.
Sin embargo, a día de hoy, se mantiene en un segundo plano, y solo si es obligada los jóvenes pueden acercarse a ella. Ellos suelen sustituir la lectura, pues la ven como "algo de difícil digestión", por los nuevos avances tecnológicos. Probablemente la explicación más lógica a este fenómeno social esté en el tiempo, pues gran parte de este es empleado para realizar actividades lúdicas, y dejan de lado el conocimiento histórico que gran parte de la literatura o la filosofía transmiten, y se condenan a caer en los errores de la ignorancia.
De este modo podríamos decir que disfrutar con la literatura es una opción que dependerá exclusivamente de la forma de entenderla. No cabe duda, la literatura puede tener cabida en el mundo tecnológico (tan mitificado por los jóvenes), porque la palabra es la base de cualquier ciencia y, de la palabra, derivarán todas las demás.
También se ha de destacar que este arte tiene que tener cabida en la sociedad si queremos entender el mundo que nos rodea, aunque, actualmente, no esté en su mejor momento, tanto a la hora de ser creada como a la hora de ser consumida.
Definitivamente, y a pesar de los pros y los contras, no debemos olvidar que somos lo que somos porque un día nos enseñaron el arte de la palabra, a leer y a escribir, a crear y a imaginar, nuevos mundos. Y todo gracias a la literatura.

IRENE LLANOS    2º Bachillerato Humanístico y Social