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lunes, 3 de noviembre de 2014

EL HECHICERO Y ELLA por Judit Rubio Fernández



Me senté como siempre en el sillón, un sillón rojo de cuero.
Era un día de invierno; llovía, hacía frío y no se me ocurrió otra cosa para hacer. Cogí el libro y me acomodé en aquel sillón peculiar.
Empecé a leer, me fundí ante aquellas palabras enlazadas con el sentimiento más profundo…
Estaba desesperada, andaba sin rumbo alguno, buscando una solución. Buscaba una cura para poder sobrevivir a su enfermedad. Visitó a un hechicero, la chica le contó lo que le pasaba. Estaba tan nerviosa que tartamudeaba. El hechicero era un hombre muy sabio y de pocas palabras. Él le dijo:
-          - Color sangre, notables por su belleza, envueltas por el dolor y la muerte.
Ella descolocada no lo entendió, desesperada por encontrar algo que diera el perfil de aquellas palabras, se metió en una casa que se encontró por el camino. Subió unas escaleras y entro en una habitación. Se encontró a una chica sentada en un sillón de cuero rojo leyendo una novela. En una mano tenía la novela y en la otra una rosa. Era una chica de pelo rizado, oscuro y ojos claros. Era delgada y de piel blanca como la porcelana. Ella fue a coger la rosa y la chica la miró a los ojos y tras una pausa le dijo:
-          - No la cojas, te arrepentirás.
Ella la cogió fuerte y con decisión, ella sabía que esa era la cura y no se lo pensó dos veces. Empezó a derramas sangre de la mano. Muy asustada miró a la ventana, había unas palabras escritas, decían:
“Te lo advertí”
Miró a la chica y estaba sentada en el sillón de cuero rojo leyendo la novela. En una mano el libro y en la otra sangre.
Muy asustada le cogió el libro como pudo, se titulaba “La rosa de la muerte”.

JUDIT RUBIO FERNÁNDEZ

3º ESO B

ABISMO Y SOLEDAD por Steffy Lucín



Era un día frío. Las ventanas de mi espaciosa habitación se habían abierto a causa del viento y una pequeña brisa intensa, acariciaba mi cara. Me levanté de la cama para cerrar las ventanas, y al ver las hojas caer de los árboles, me entró en el cuerpo una sensación de soledad. Una soledad inexplicable.
Desayuné e hice lo que solía hacer en días fríos como ese: aventurarme en la lectura.
Fui al sillón de cuero que hay en un rincón de mi habitación, y escogí un libro ya empezado: La  tortura de Liz.
“La pequeña Liz sentía miedo al salir a la calle cuando las temperaturas bajaban. En casa tenía visita, pero la soledad eterna se apoderaba de ella.
Había entrado en un pequeño abismo, que ni ella misma podía explicar.
Era pequeña, y no sabía leer, así que cogió un cómic. Natsu, la protagonista del comic, se sentía aislada del mundo, solo por tener gustos distintos a todos sus amigos. A ella le encantaba el manga, lo ‘anime’, y lo ‘otaku’. Básicamente las series japonesas de dibujos.
Su familia la quería un montón, y ella estaba encantada. Se pasaba los fines de semana encerrada en su mundo japonés, pero al llegar el lunes, y volver al colegio, la pobre Natsu, sentía que no lograba encajar con nadie. A ella le gustaba la poca compañía, y cada vez le gustaba más la fría soledad.
Liz se sintió identificada con esa chica y no quería parar de leer. Le emocionaba”
A mí, me pasaba igual; Liz era única, igual que Natsu. Amaban esa soledad que mucha gente temía,  y amaban tener un pequeño mundo cread solo para ellas. Ese momento de lectura se me pasó increíblemente rápido. Era como si las páginas se pasasen solas y no pudiera dejar de leer.
Pero llegó mi hermana, y se acabó la soledad que tan a gusto me acogía, Cerré el libro y hasta que esa pequeña brisa intensa no vuelva a acariciarme la cara en días fríos…, no sabré nada de la soledad de Liz y Natsu.

STEFFY LUCÍN

3º ESO B

UNA CINTA BASTANTE RARA por Rubén García Fernández



Soplando varias veces seguidas conseguimos por fin sacarle todo el polvo que tenía la vieja cinta de vídeo que nos encontramos la tarde anterior, cuando estábamos limpiando el desván de la vecina siniestra del segundo, hecho que nos ofreció bastante dinero por hacerle varias tareas.

Introdujimos la cinta en el aparato y, en el televisor que teníamos justo en frente nuestro, apareció una especie de cortometraje ya empezado. Aparecían dos hombres, a los cuales no se les veía el rostro porque llevaban puesto un par de pasamontañas negros. Estos extraños hombres iban en una especie de furgoneta, con todos los cristales tintados y demás detalles que hacían que el vehículo tuviese más mala pinta de lo normal. Cuando la cámara, que no tenía una perfecta calidad, enfocaba al parabrisas del coche, se podría apreciar que estas dos personas tenían prisa porque iban a unas grandes velocidades. Era como si estuviesen persiguiendo algo, o algo similar. Comenzaron los dos a hablar, pero no se entendía nada. Hablaban tan rápido que no se distinguían las palabras, parecía un idioma inventado. De repente, pararon en seco y salieron rápidamente de aquel siniestro vehículo. 

Sinceramente, mi primo y yo no entendíamos la película, pero continuamos mirándola, concentrándonos aún más. Los dos hombres entraron por la puerta trasera de un edificio. Todo estaba oscuro. No se veía nada por ningún lado. Había momentos que hasta los hombres se perdían de vista. Se escuchaba el sonido de puertas que continuamente se estaban abriendo y cerrando. Los dos personajes iban pasando salas. De una sala a otra todo cambió. Ahora se veía perfectamente donde se encontraban. Estaban en una especie de escaleras de emergencia. Empezaban a subir y a subir y a subir. Se veía que pasaban el primer, el segundo y el tercer piso, pero en el cuarto pararon. Buscaron una puerta específica y la tiraron abajo. Era la puerta de un piso, de un piso normal. Se sentaron frente a un televisor que había en un pequeño salón y se quitaron los pasamontañas. Cogieron una cinta que estaba cerca suyo y la pusieron en el reproductor de discos, después de soplarla repetidas veces. La cámara que los enfocaba giró y, al verles las caras, ¡vimos que éramos nosotros mismos!

RUBÉN GARCÍA FERNÁNDEZ

3º ESO B

viernes, 29 de marzo de 2013

"SI ME QUIERE, QUE ME BUSQUE" por Francesc Siurana Navea

"Si me quiere, que me busque...". Esta frase me la repetía día tras día una amiga mía cuando su novio la dejó. Sinceramente, no entendía esa frase, aunque ella me decía que lo que significaba era que, si alguien la quería, tenía que buscarla y hacer todo lo posible por conquistarla, sea como sea, y con las armas que quisiera. Pero supongo que me la repetía día tras día, ya que estaba ciega de amor. 
Ella escuchó rumores de que la persona que quería tanto y con la que quería pasar las etapas más bonitas de su vida, la dejó porque encontró a otra chica. Ella pensaba que era mejor que ella en todos los sentidos; ella siempre se "rallaba" cuando veía fotografías de su amor besándose con otra chica que no fuese ella. Pero yo siempre le decía que no le buscase más respuestas a todos sus disgustos, que le dejó porque no sabía valorarla; que ella era única, que encontraría a alguien mejor... Me decía que no, que no era bella, que era estúpida y tonta. Yo siempre le intentaba contradecir en todo, ya que pensaba que era la persona más hermosa y especial que había conocido en mi existencia. Ella me decía que yo era la mejor persona que conocía y que se lo pasaba muy bien conmigo; las tardes eran rápidas, y, cuando me iba a mi casa y ella a la suya, empezaba a llorar. Cada noche más que la anterior.
No entendía por qué se tuvo que enamorar de un chico que casi ni conocía, que nunca mostraba interés hacia ella y que siempre intentaba coquetear con todas las chicas que había a su alrededor; que era infiel, que apenas le demostraba lo que él la quería y que además se fue de su lado por otra... Ella me decía que no entendía el porqué de su enamoramiento hacia él, pues no era una decisión suya enamorarse de alguien, simplemente era un acto natural que le sucedió.
Yo intentaba animarla como fuera, pero mis intentos de hacer de su vida algo mejor eran fallidos. Le pedí que me dijera lo que significaba la frase que siempre me repetía y, una tarde, a solas, me explicó ese chico para ella no era tan especial como yo pensaba. No la entendí y me hizo pensar lo contrario. ¿Por qué?, le preguntaba yo con ansias de saber la verdad. ¿Por qué me mentía? Yo era como un hermano, un buen amigo... Hice todo lo posible para que de sus labios saliera una sonrisa, aunque fuera unos segundos de felicidad. Le exigí una respuesta en ese mismo momento.
Con ironía, me respondió: "¿Nunca te has dado cuenta de lo que te quiero? ¿No te acuerdas de las veces que pasaba a tu lado apoyada sobre tu hombro, poniendo excusas de mis penas solo para poder acariciarte suavemente? ¿Nunca has notado cómo me quedaba minutos abrazada a tu cuerpo? ¿Nunca has visto la sonrisa que ponía cuando te veía?..." Yo no me di cuenta de que entre ella y yo había algo más que una buena amistad. Cuando la miré con otros ojos, empezamos una relación.
Mis días con ella fueron los mejores. Pero como dicen, "lo bueno dura poco". De repente un día ella se fue de mi lado sin ninguna explicación razonable, dejándome en la soledad. Pasé un par de meses mal, meses de lamentos y de desesperación. Pero, levanté cabeza y decidí una cosa: no iba a buscar a otra persona con la que pasar mis momentos de felicidad, de alegrías, de tristezas, de lamentos..., sino que iba a hacer lo contrario, es decir, iba a dejar pasar el tiempo hasta que el destino me engarzara con la persona que completaría el rompecabezas de mi vida, la última pieza de mi puzzle.

FRANCESC SIURANA
3º ESO B

jueves, 28 de marzo de 2013

"SI ME QUIERE, QUE ME BUSQUE... " por Daniel José Calderón

Si me quiere que me busque..., y los dos pensaron lo mismo, pero no les sería tan fácil eso de buscarse.
La última vez que se vieron, Juan estaba cogiendo un avión hacia Italia y Marina, hacia San Francisco. Ella estaba enamorada de él desde que eran pequeños, pero nunca se lo había llegado a decir.
Cuando llevaba una semana en San Francisco, decidió ir a buscar a Juan a Italia y decirle lo que sentía. Pero, en esos momentos, Juan, que también sentía lo mismo por Marina, se dirigía a San Francisco para decírselo a ella.
Al llegar a Italia, Marina preguntó por Juan en el pequeño pueblo en el que vivía. Le dijeron que no estaba, que se había ido de viaje a un lugar de EE. UU., en busca de una antigua compañera. A Juan le pasó lo mismo, así que, confiando en que Marina daría la vuelta y se encontrarían, decidió hacer un poco de turismo por la ciudad. 
Ella, en cambio, en vez de ponerse a hacer turismo se puso triste; no supo qué hacer. Por lo tanto, decidió pasar la noche en una posada y, al día siguiente, ya decidiría lo que hacer. Al despertarse, se fue al aeropuerto para comprar un billete con dirección a San Francisco, pero no lo consiguió porque el aeropuerto cerraba por huelga. Así que fue al puerto, cogió un barco que zarpaba en dirección hacia su destino, aunque era consciente que tardaría mucho tiempo al dar un gran rodeo. Al subirse al barco, se dio cuenta de que era un barco muy pequeño, con una tripulación muy extraña y siniestra; pero no le dio mucha importancia, porque, al fin y al cabo, les trataban bastante bien. 
Pasaron dos semanas y todavía les quedaba mucho camino por hacer. Habían parado unas veinte veces a reponer el combustible. Cada vez el viaje se les hacía más extraño. Al cabo de un mes y medio, ya cerca de San Francisco, el barco se quedó sin combustible en medio del mar. Intentaron comunicarse con otro barco o con el puerto, pero no pudieron porque la radio no funcionaba. Pasaron tres días más y, a lo lejos, se vio un barco que los fue a rescatar.
Llegaron a San Francisco y Marina se fue corriendo a buscar a Juan. Fue preguntando por todos los hoteles de la zona, pero no lo encontró en ninguno. Se dirigió a su casa muy defraudada. Cuando llegó, cogió su teléfono y lo llamó. Le preguntó dónde estaba y lo fue a buscar. Allí cenaron, pasaron un rato hablando y, después, Juan le dijo qué sentía por ella. Los dos decidieron tener otra cita y, como la relación iba estupendamente, él se trasladó a San Francisco y empezaron un muy bella historia.

domingo, 13 de enero de 2013

VIDA CIRCULAR por Núria Conrado Andián

Una noche de abril, María dio a luz un hermoso bebé. Cuando lo cogió entre sus brazos se sintió tan querida que no pudo resistirse a llamarla como ella. Ya tenían otra María en la familia.
María empieza a crecer. Su vida no será tal y como su madre quiere que sea. Va pasando su infancia, poco a poco, y cuando llega a los cuatro años su padre muere. María es pequeña y no entiende nada, extraña a su padre y no sabe dónde encontrarlo. Su madre está a su lado en todo momento; para ella tampoco es fácil, pero lo primero en su vida es la felicidad de su hija. Su madre sabe que en la vida de la pequeña María van a pasar muchos más problemas. Sabe que su hija la va a necesitar en muchos momentos y, por ello, decide vivir feliz, decide dedicarse a ella. 
María se está haciendo adolescente, crece muy rápido. Encuentra a un chico que la hace feliz. Ella le quiere muchísimo y está totalmente decidida a ganarse su amor. Pasan varios meses, y María se siente la más feliz, pero el chico le hace daño: le engaña con otra. Ella piensa que su vida no vale para nada, que está destinada a una vida triste y solitaria. Su madre está con ella cada hora, cada minuto que María necesita. Gracias a ello, María tira hacia delante y se da cuenta de que la vida da muchas oportunidades.
Ahora sí, encuentra al chico que le hace reír, que hace que se sienta la mejor princesa que pueda existir. Una noche de abril, María dio a luz un hermoso bebé. Cuando lo cogió entre sus brazos se sintió tan querida que no pudo resistirse a llamarla como ella. Ya tenían otra María en la familia.

NÚRIA CONRADO ANDIÁN
3º ESO A

DESCRIPCIÓN LÍRICA por Noelia Real

La amplia visión alcanzaba todos y cada uno de los diferentes árboles que vivían en aquella interminable novela. Se veían los animales que corrían para cazar a sus presas y las flores que crecían rodeadas de mariposas. La amplia visión percibía, poco a poco, que los libros iban disminuyendo y las hojas de sus ramas ya no estaban, porque ellas, ya secas y rotas, se iban difuminando como el propio verano. Los animales ya no corrían para cazar y las flores no crecían porque, simplemente, no existían. Más adelante, el paisaje seguía así durante varias hectáreas, pues tan solo quedaban algunos trozos de troncos y cenizas.
Lentamente se iba concentrando en un lugar, en la cima de la más alta torre.
El ave se posó suavemente, como una pluma, en unas de sus ramas todavía vivas y con algo de color, y observó tristemente que, bajando su mirada, se encontraba una flor marchita y, a su alrededor, tan solo cenizas, negras como el carbón. Al frente, miles de libros quemados y trozos de ellos, convertidos en cenizas caídas como hojas en otoño en la tierra, y, al fondo, un poco de color verde que se había salvado de aquel desastre.

NOELIA REAL
3º ESO B

DESCRIPCIÓN TOSCANA por Judith Cavero Cabello

PERFIL DE UNA REGIÓN

Captamos esta imagen desde las alturas, a través de los ojos de un ruiseñor que vuela muy alto. En el extenso paisaje, la región parece un mosaico con muchos y diversos colores. Grandes terrenos vestidos de verdes y mezclados con colores amarillos, con colores rojos, con marrones, con azules... Y, entonces, es cuando el paisaje se refleja en tus ojos y sientes que eso es el paraíso.  
La tarde está al caer y, después de toda la tranquilidad, sigue y se convierte en una calma que no se puede interrumpir. En esta calma, una orquesta de grillos y el cantar de unos pájaros la acompaña. 
Nuestra mirada escoge una zona donde poder posarnos sobre una rama. Empezamos a descender lentamente hacia allí. Un mar de tonalidades naranjas baña el cielo. La tarde cae y sigue la calma en estos coloridos prados.

JUDITH CAVERO CABELLO
3º ESO B

DESCRIPCIÓN A VISTA DE PÁJARO por Silvia Cuello

Desde el cielo, se ve todo muy diferente.
Todas esas personas ahora se ven diminutas ahí abajo. Pero, sin duda, me centro en un lugar muy particular, uno que me ha llamado la atención: un parque con un espacio enorme. Voy acercándome a él y diviso esos árboles de mi alrededor que se van haciendo más grandes a medida que me aproximo. Está todo el suelo lleno de la verde hierba y unos adoquines que llevan a un muro adornado con toda clase de flores.
Descanso un poco en uno de los bancos que hay y voy observando a la gente que va pasando delante mío.Veo a un grupo de chicas acercándose al muro de antes. Una de ellas saca una cámara y empiezan a hacerse fotos, y solo se oyen las risas de todas ellas juntas. Casi está anocheciendo, así que se han empezado a encender las altas farolas que adornan todo el parque.
Oigo también el sonido del agua descendiendo. Me aproximo hacia donde mis oídos me han guiado y contemplo una pequeña fuente adornada de pequeños farolillos a mi alrededor. Y allí me quedo.

SILVIA CUELLO
3º ESO B

miércoles, 26 de diciembre de 2012

FUENTES DE ANDALUCÍA por María Durán

Captamos esta imagen desde las alturas, a través de los ojos de un ave que vuela muy alto.
En el amplio panorama, el pueblo parece un ser vivo inanimado. Un conjunto de ramas que se extienden hasta el último rincón del bosque sin ninguna hoja colgando de ellas, sin animales moviéndose por aquel amplio claro. Sin aire, sin viento, sin nada que renueve el ambiente; todo como un desierto, vacío. Sin agua, sin ropa, sin coches...
El mediodía se acerca y, una vez superado el momento de máxima calor, la monotonía sigue.
Nuestra mirada escoge una zona grande, donde se concentra el vacío. Empezamos a descender despacio hacia allí. Una fuente, como un volcán, se encuentra en el centro. Es lo que se llama plaza central de un pueblo. Las puertas de los bares comienzan a abrirse para que la gente pueda entrar a comer; pero el silencio sigue penetrando en aquella rueda vacía, sin llantas, en la que solo se oye el cantar de algún pájaro que pasa por allí. Al fin, una persona de pelo rubio y andares tranquilos recorre la plaza como un ovillo de paja del antiguo oeste, y entra en un bar, situado a la derecha del Ayuntamiento. 
Nos vamos acercando a este hasta que conseguimos apoyarnos en una ventana y miramos a través de ella para ver qué sucede en el interior. En él se encuentran tres pares de zapatos sentados en una mesa, hablando con cara de preocupación sobre algún tema del pueblo, cuando un hombre mayor sale del almacén y los tres se levantan...
Volvemos a ascender y a ver el pueblo desde las alturas. Es hora de viajar a otro lugar. Estamos en invierno y ya mismo se hará de noche.

MARÍA DURÁN
3º ESO B

domingo, 9 de diciembre de 2012

LA FE por María Durán

LA FE

Creencia y nada más
sin ver, oler, oír, tocar, sentir
todo, porque jamás
vas a poder vivir
sin creer en algo, antes de morir.

La Fe mueve montañas
sin distinción de lengua ni cultura.
¡Jamás seréis extrañas
en esta Fe tan pura
mis pequeñas y amadas criaturas!

Es fuerza de la vida,
cuando no encuentras nada o estás perdido;
allí verás la salida
a un mundo conocido
que sí habrás visto, pero no vivido.

Realmente esto es Fe,
algo bonito que pasa sin más;
realmente esto es Fe,
algo en lo que creerás
y con lo que siempre convivirás.

MARÍA DURÁN    3º ESO B

LA FE por Belén Duarte

LA FE

¿Quién eres? Una utopía,
una sinfonía en el silencio
o un soplo de equilibrio
en medio del caos 
de mi tormento.

¿Quién fuera tu alma o tu sufrimiento,
para saber qué sientes
en cada momento,
siendo yo un simple pensamiento
de tan grandioso sentimiento?

Yo sin esperanza ni remedio,
tú con firmeza y temperamento
sin rumbo a dónde ir.
Tú con la Fe me ayudas a salir
con el corazón que nos guía al latir.

Con cada uno de tus palabras
siento en mí como si cantaras.
Alabanzas para el alma,
con cada nota de Fe,
me enseñas a creer.

BELÉN DUARTE    3º  ESO B

LA FE por Liana Khmilyar

LA FE

A Dios siempre le pido
que se mantenga siempre a mi lado.
De mi fe no me olvido
-pues rezo cada día-;
de mi mente nunca será apartado.

Cada día al despertar,
rezo mis oraciones a Jesús
para poder bien actuar;
ya que él es nuestra luz
y él, por salvarnos, murió en la Cruz.

Gracias a él seguimos vivos,
ya que su sacrificio nos salvó;
los pecados olvidamos, 
aunque él no los olvidó
y este mundo pronto abandonó.

Sin la fe no somos nada,
necesitamos contactar con Dios.
Ya no creo en cuentos de hadas;
al crecer y hacerte mayor,
te das cuenta de las cosas, y sigues al Señor.

LIANA KHIMILYAR    3º ESO B

viernes, 12 de octubre de 2012

SUEÑO PREMONITORIO por Víctor Rodríguez

Cuando ya estaba todo preparado, el caballo ensillado, el caballero con su cota de malla recubriendo cada espacio de su fornido cuerpo y con la espada bien afilada, se propuso dar batalla contra aquellos impíos enemigos. 
Sabía que sus hombres le seguirían hasta el fin del mundo, así que se cargó contra sus enemigos, sin dejar cuerpo con vida. En el fragor de la batalla sintió como una flecha se clavaba en su espalda y, al caer del caballo, sintió como una hoja de acero se le hundía en sus entrañas. Y allí, tirado en el campo de batalla, se le cerraron los ojos.
En ese momento despertó el caballero, empapado en sudor, la noche antes de la batalla, con la mente llena de espadas y flechas. Salió de la tienda y vio como salía el sol por esas escarpadas montañas y sintió lo que nunca había sentido antes: miedo. El miedo le impedía pensar claramente, hasta que observó la cara de sus soldados. En esas caras no veía miedo, no veía nada, y se dio cuenta que la guerra lo único que provoca es dolor y muerte, y, en este caso, la suya.
El escudero le vistió, le puso la cota de malla y la armadura, aquella bonita armadura dorada, regalo de su majestad por los servicios a la corona. Pasó mucho tiempo afilando su espada, esa espada que pertenecía a su familia desde generaciones, esa que había sido su más fiel aliado en todas sus batallas y aventuras. Ensilló al caballo, subió a su corcel y echó una última mirada a sus soldados.
Empezó la batalla y dirigió una última palabra a sus combatientes:
- ¡¡Seguidme!!- dijo el caballero con el tono muy convencido. 
Cabalgó recorriendo las tropas aliadas hasta que cargó contra los infieles, llevándose la vida de aquellos que luchaban en contra de su fe. 
Y, en el fragor de la batalla, mientras cabalgaba por la arena con sus compañeros de armas a sus espaldas, sintió como una flecha penetraba en su espalda. El caballero, exhausto, cayó al suelo. Se levantó, pero una espada enemiga se le clavó en el estómago y sintió como el frío de una hoja se acero se le hundía en las entrañas.
Y allí, tirado en el campo de batalla, se le cerraron los ojos.

VÍCTOR RODRÍGUEZ    3º ESO B

LAS NOVELAS DE MARÍA por Soledad Ble

María era una mujer que vivía sola en una casa muy grande y bonita. Al estar sin trabajo, tenía mucho tiempo libre; así que se aficionó a ver novelas en cadenas de la televisión o buscaba algunas en el videoclub de al lado de su casa.
Siempre se estiraba en el sofá granate o a veces prefería mejor sentarse en el sillón marrón que estaba al lado de la estufa, ya que, cuando hacía frío, allí estaba más calentita que en el sofá. Pero, el caso era que siempre tenía que ver una novela antes de irse a dormir, porque sino no le entraba el sueño.
Aquel día le tocaba ver la novela Doña Sofía, la que tanto le gustaba a María. Por la noche, después de cenar una tortilla de patatas y un filete de cerdo, encendió la televisión para poner la novela. De momento estaba en la publicidad y fue a buscar un helado de vainilla con chocolate que había en el congelador. Se estiró y se puso a ver la novela. Doña Sofía estaba con su hermano dando una vuelta en el parque más cercano a su casa, y el hermano, cuyo nombre era Manuel, le explicaba a Sofía que Mireia, su hija, últimamente no salía de casa, ya que no tenía trabajo, y que no debería de quedarse en casa todos los días solo viendo novelas. Sofía, sin pensárselo dos veces, fue a hacerle una visita para ver si así la animaba un poco. Por la noche, se presentó en casa de María y, como no, la vio que estaba estirada en el sofá granate comiendo un helado de vainilla y chocolate.

UN RECUERDO SE DESVANECE por María Durán

Todo estaba oscuro, solo una pequeña llama quedaba consumiéndose en la chimenea de esa estancia. En frente de ella, un sillón rojo y en él, una persona sentada recordaba todo lo que había pasado durante aquel ajetreado día. Intentaba pensar en cada gesto, cada movimiento de aquella conversación que había mantenido con su hermana hacía tan solo unas horas. Ella vestía con una blusa lila y su cara reflejaba un sentimiento de angustia que nunca antes había visto. Todo lo que había tenido hasta entonces se desvanecía, y solo por una carta que su hermana había leído hacía unos minutos.
Los dos corrían hacia aquella dirección, intentando descubrir toda la verdad sobre su pasado, mirando de entender el porqué de aquello. Pero, al llegar a ese lugar, el edificio no estaba; la casa de acogida, en la que se criaron de pequeños, ya no existía. Todo se derrumbaba, nada de lo que ellos recordaban se podía verificar, y aquella carta, solo aquella, la había puesto todo del revés. Fueron a buscar a la persona en la que confiaron de pequeños, la señora Páterson. Ahora vivía a un par de calles más allá de su casa, y les podía dar bastante información sobre aquello que pasó allí, lo que pasó en el hospital en el que nacieron. Al llegar a su pequeña, pero acogedora casa, la señora Páterson les abrió las puertas, aunque no con mucha alegría, ya que sabía a lo que venían, sabía que con esto todo su pasado se descubriría.
En ese mismo instante, la llama de la habitación se desvaneció, y el señor que había sentado en aquel sillón tuvo que dejar el recuerdo e ir a por leña a la sala de calderas.

MARÍA DURÁN    3º ESO B